Generalidades de artrología II

Cartílago articular


Cada superficie articular está revestida por un cartílago articular hialino, que se adhiere íntimamente al hueso. Su superficie libre es pulida y de coloración blanquecina. Maleable, extensible y compresible, se deforma bajo la influencia de presiones, para retornar a su espesor original cuando estas cesan. La extensión del revestimiento cartilaginoso es directamente proporcional a los movimientos de la articulación y es mayor en las articulaciones muy móviles.

Su espesor varía entre 0,2 y 2 mm. Es más grueso en los puntos de presión y de deslizamiento de la articulación. Así, es de mayor grosor en el vértice de las cabezas humeral y femoral y más delgado hacia el fondo o el centro de la cavidad glenoidea y del acetábulo. En los miembros inferiores es más o menos elástico a la presión y se comporta como un elemento de amortiguación frente a los choques. Su desaparición acarrea el desgaste rápido del hueso por presión y por frotamiento recíproco.

El cartílago articular no posee vasos sanguíneos, se nutre por imbibición a expensas del líquido sinovial. Para la parte basal del cartílago, se describen también vasos procedentes de la vecindad.

Labrum articular, disco y menisco

Estas estructuras son dispositivos de aspecto fibrocartilaginoso formados por tejido fibroso denso.

Labrum articular [rodete]: por lo general se dispone en forma de anillo alrededor de ciertas cavidades articulares a las que aumenta su superficie articular. Visto en un corte, es triangular; su base descansa sobre el contorno de la superficie articular y se confunde, internamente, con el cartílago articular y, por afuera, con el periostio; su cara interna mira a la cavidad articular y la externa se relaciona con los medios de unión periféricos: cápsula articular del hombro y de la cadera. En un trauma-tismo, la inserción ósea puede desgarrarse.

Disco y menisco articulares: están interpuestos entre las superficies articulares y mejoran su concordancia. Al corte, dos de sus caras miran a las superficies articulares y su base, periférica, se adhiere a la cápsula articular. Pueden presentar inserción ósea en sus extremidades, como ocurre con los meniscos en la rodilla. Su presencia divide la articulación en dos cavidades secundarias. En ocasiones, en el centro de los discos puede observarse una perforación.

Cápsula y ligamentos


Constituyen un dispositivo que asegura el contacto entre las superficies articulares. La cápsula se inserta en el hueso, en la vecindad del revestimiento del cartílago articular. En algunas articulaciones se fia a cierta distancia de las superficies articulares y puede tener un trayecto recurrente hasta el borde del cartílago articular. En otras, la cápsula se fija a distancia del cartílago.En este caso, puede ocurrir que una parte o la totalidad del cartílago epífisario se localice dentro de los límites de la cápsula articular.

La disposición de la cápsula articular como un manguito fibroso está condicionada a las superficies articulares. Su espesor es variable y depende de la fisiología articular. Presenta engrosamiento en los lugares donde se ejercen fuerzas de tracción, que constituyen los ligamentos. En la articulación del codo y en la articulación talocrural, los ligamentos son bien diferenciados y espesos en sus partes laterales, mientras que la cápsula es delgada por los amplios movimientos de flexión y de extensión.

Algunos ligamentos se encuentran a distancia de la articulación: corresponden a músculos o a tendones periarticulares.

Pueden presentarse privados de función y reducidos a bandas, pero su función mecánica no debe desdeñarse.

Los ligamentos poseen formas variables: banda o cinta, cordón diferenciado, espesamiento adherente a la cápsula. De resistencia considerable, le confieren a la articulación gran firmeza, como en el caso de la rodilla, que es capaz de resistir una fuerza de 415 kg sin desgarrarse.

Sólidos y flexibles, los ligamentos presentan una elasticidad variable:

- Ligamentos fibrosos: prácticamente inextensibles, su extensión limita el movimiento.

- Ligamentos elásticos: algo más extensibles como, por ejemplo, los ligamentos amarillos de las articulaciones vertebrales.

Con la edad, los ligamentos pierden su elasticidad y su flexibilidad. Se vuelven más rígidos y con mayor tendencia a acortar-se, pero esto depende en gran parte de las exigencias a las que se los ha sometido. Así, el ejercicio físico tiende a mantener la flexibilidad aun en individuos de edad avanzada.

Los ligamentos pueden lesionarse debido a traumatismos articulares, simple distensión, desgarramiento, rotura (esguince) o bien desinserción, con arrancamiento óseo o sin él. Cuando existe un amplio desgarro capsuloligamentoso, este permite los desplazamientos amplios de las superficies articulares que se enfrentan, tal como ocurre en las luxaciones.

A ambos lados de sus inserciones óseas, la cápsula se continúa con el periostio de los huesos que une. Está cubierta por un tejido conectivo periarticular al cual se aplican músculos que entran, así, en contacto con la articulación. Se los denomina músculos yuxtaarticulares y desempeñan una acción de ligamentos activos, aun cuando anatómicamente, en sentido estricto, no forman parte de la articulación. 

La sinovial es una membrana delgada que tapiza la cápsula articular por su superficie interior. Se inserta por sus extremos en el contorno del revestimiento cartilaginoso de las superficies articulares, con el que comparte el origen embriológico. Cuando la cápsula se inserta a distancia de la superficie articular, la sinovial tapiza toda la superficie ósea interpuesta, reflejándose a partir de la cápsula: receso articular.

La sinovial presenta, a veces, prolongaciones de volumen variable en el interior de la articulación. Se las denomina pliegues sinoviales, y se encuentran frente a las interlíneas articulares, rellenando los espacios libres.

La sinovial es la parte más ricamente vascularizada de la articulación. Segrega la sinovia, un líquido transparente que existe en escasa cantidad en estado normal: se encuentra constituido por agua, materias proteicas, algo de mucina, trazas de grasas y sales minerales. En el líquido sinovial también se observan células deterioradas y descamadas del cartílago y de la membrana sinovial.

Constituye una porción vulnerable de la articulación: es sensible a las infecciones aportadas por la sangre (artritis septicémicas) o a las modificaciones del medio interno (reumatismo, gota).

Los traumatismos que la desgarran provocan hemorragias intraarticulares (hemartrosis).

Las alteraciones que en ella asientan repercuten siempre sobre el juego articular (dolor, rigidez).

El manguito capsular, tapizado interiormente por la sinovial, sirve de pared a la cavidad articular. Es de dimensiones muy va-riables, tanto más vastas cuanto más amplios son los movimien-tos. Su forma también varía; en algunas articulaciones, como la rodilla, es muy compleja a causa de los meniscos intraarticulares, franjas sinoviales y adiposas.


VASCULARIZACIÓN 


Las articulaciones reciben su irrigación y drenan hacia los vasos de la vecindad. Las arterias son numerosas a nivel de las grandes articulaciones de los miembros; proceden de los grandes troncos suprayacentes, lateroyacentes y subyacentes en la articulación, los que se ramifican y anastomosan, formando círculos periarticulares. Estos poseen una acción supletoria de trascendencia en las ligaduras arteriales. Las venas, satélites de las arterias, drenan la sangre de la articulación. Los linfáticos se reconocen en la sinovial, donde forman un plexo de mallas irregulares con prolongaciones ciegas; en la cápsula, las redes linfáticas son menos numerosas. El resto de las formaciones articulares carece de vías linfáticas. El o los plexos linfáticos drenan su contenido en unidades nodales regionales y lo hacen mediante vasos valvulares que acompañan a los vasos principales de la región.


Latarjet, M. (2019). Anatomía humana.



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